Siempre miraba por encima del hombro.
Cuando la veía pasar
pensaba en preguntarle por sus cicatrices.
Cuándo y quién le agrietó el corazón
cómo y con qué se drogaba cuando se convertía en puta
de qué manera se lamía las heridas
cuánto hachís se fumaba antes de irse a dormir
y en qué momento volvió a masturbarse.
Caminaba rompiendo el suelo
con la autosuficiencia pegada a los talones.
Respondía enarcando una ceja
y cerraba los ojos al correrse.
Qué bonita era su tristeza.
martes, abril 8
martes, marzo 11
Estoy
a cuarenta y nueve
madrugadas
de imaginarte
para poder empezar
a verte
como eres.
Pero
esta noche
me dedicaría
casi
exclusivamente
a lamerte las heridas.
Ya sé que no vas a salvarme.
Precisamente por eso.
Te he visto
jugar
a pisar sólo las líneas blancas
del paso de peatones.
Y créeme
que hay cosas
difíciles de olvidar.
Porque te he visto.
Y te vi.
Y tenías miedo a la lluvia
y yo sólo quería mojarme.
Qué desastre.
Y qué bonito.
Que la risa
hace perder el miedo
y tú a mi las bragas
y acabo de deudas
hasta el ombligo.
Ya sé
que tú nunca
has sido
de estar
pero si quieres que vaya
deja la ventana abierta.
Te invito a un paseo en autobús.
Voy a colarme
en tus precipicios
para que tengas que luchar
por no caerte
o tirarte
sin abrir los ojos.
Pero sé
que sabes
hacerlo mejor
y aún estoy esperando a que saltes,
valiente.
Siempre puedes
romper
al invierno.
O a mi.
Que viene a ser lo mismo.
Y ya
me has salvado
la vida
en más de una ocasión.
Digamos
que me debes
más noches
de las que puedo soportar.
Y que esta certeza
por eso de que tus ojos,
me asusta
más o menos
para siempre.
a cuarenta y nueve
madrugadas
de imaginarte
para poder empezar
a verte
como eres.
Pero
esta noche
me dedicaría
casi
exclusivamente
a lamerte las heridas.
Ya sé que no vas a salvarme.
Precisamente por eso.
Te he visto
jugar
a pisar sólo las líneas blancas
del paso de peatones.
Y créeme
que hay cosas
difíciles de olvidar.
Porque te he visto.
Y te vi.
Y tenías miedo a la lluvia
y yo sólo quería mojarme.
Qué desastre.
Y qué bonito.
Que la risa
hace perder el miedo
y tú a mi las bragas
y acabo de deudas
hasta el ombligo.
Ya sé
que tú nunca
has sido
de estar
pero si quieres que vaya
deja la ventana abierta.
Te invito a un paseo en autobús.
Voy a colarme
en tus precipicios
para que tengas que luchar
por no caerte
o tirarte
sin abrir los ojos.
Pero sé
que sabes
hacerlo mejor
y aún estoy esperando a que saltes,
valiente.
Siempre puedes
romper
al invierno.
O a mi.
Que viene a ser lo mismo.
Y ya
me has salvado
la vida
en más de una ocasión.
Digamos
que me debes
más noches
de las que puedo soportar.
Y que esta certeza
por eso de que tus ojos,
me asusta
más o menos
para siempre.
sábado, febrero 22
A veces las cosas suelen ser lo que parecen.
Apuramos sonrisas
y seguimos creyendo
que algunas miradas
aún nos devuelven lo que queremos ver.
Pero también es cierto
que esto podría ser su cuerpo
y que nunca he vuelto a temblar tanto
como ese día
en el que me desnudó
con la ropa puesta
y las ganas escondidas
bajo la cama.
Que le he visto correrse
sin bajar la guardia
y vestirse
despacio
y no volver a llamar.
Que hablar entre líneas
también es follarle.
Lo bonito de que no venga
es que no tendrá
que irse después.
Pero ojalá viniera sólo a despedirse.
Y que morir de frío
sea nuestra mejor opción.
Me meto en la cama como quien se traga su orgullo.
Mañana
volverá a ser Domingo
y yo volveré a despertar
con resaca
demasiado tarde
y espero que sonrías.
Porque cuando sonríes
estás bonita.
Y no es un cumplido.
Es un consuelo.
lunes, febrero 10
Primavera entre tus piernas.
Hoy Granada estaba tan gris
que yo me sentía roja.
Y déjame decirte
que quizá sea
porque tienes el cuello más bonito
que he visto jamás.
Lo sé
porque yo te he mirado
mucho
-mucho-
antes
de verte.
Podrías
estar aquí
metiendo tus manos
en los bolsillos
de mi chaqueta.
Estoy congelada
y no sé si es por falta
o exceso.
Te hablo de poesía
mientras juegas con la opción
de hacerte inaccesible.
Sonriendo como sonríes.
A veces.
Y ya no sé
si son tus ojos
o el invierno
pero desde que tú,
el vino sabe mejor.
Así que
ven
a partirme la mandíbula.
A llenar
mi bufanda
de los besos
que no me darás
el día que te vayas.
Y a hacerme creer
que el invierno
es relativo
porque entre tus piernas
ya es primavera.
que yo me sentía roja.
Y déjame decirte
que quizá sea
porque tienes el cuello más bonito
que he visto jamás.
Lo sé
porque yo te he mirado
mucho
-mucho-
antes
de verte.
Podrías
estar aquí
metiendo tus manos
en los bolsillos
de mi chaqueta.
Estoy congelada
y no sé si es por falta
o exceso.
Te hablo de poesía
mientras juegas con la opción
de hacerte inaccesible.
Sonriendo como sonríes.
A veces.
Y ya no sé
si son tus ojos
o el invierno
pero desde que tú,
el vino sabe mejor.
Así que
ven
a partirme la mandíbula.
A llenar
mi bufanda
de los besos
que no me darás
el día que te vayas.
Y a hacerme creer
que el invierno
es relativo
porque entre tus piernas
ya es primavera.
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