martes, agosto 26

Te he buscado.

Te he buscado en cada banco de cada parque. En esa heladería de la esquina que vende el helado de pistacho que tanto te gusta. Te he buscado debajo de mi cama, en la librería a la que siempre te llevo, en la frutería del final de la calle, en la azotea de ese edificio en el que no vivimos, en la barra del bar de enfrente, entre la multitud, en las palabras que no te dije la última vez que te vi. 
Te he buscado durante días y al final, sin darme cuenta, te he encontrado en el papel.
No sé cómo lo has hecho, pero esta vez la tinta olía a ti.

martes, junio 3

Me he deslizado por los precipicios de tus comisuras
como el suicida que se emborracha
para saltar desde el tercero.

Te he probado
y he comprendido
que es verdad
que existe
el vértigo ese del que todo el mundo habla.


martes, abril 8

Siempre miraba por encima del hombro. 
Cuando la veía pasar
pensaba en preguntarle por sus cicatrices. 
Cuándo y quién le agrietó el corazón 
cómo y con qué se drogaba cuando se convertía en puta
de qué manera se lamía las heridas
cuánto hachís se fumaba antes de irse a dormir 
y en qué momento volvió a masturbarse. 

Caminaba rompiendo el suelo 
con la autosuficiencia pegada a los talones.
Respondía enarcando una ceja 
y cerraba los ojos al correrse. 

Qué bonita era su tristeza.

martes, marzo 11

Estoy
a cuarenta y nueve
madrugadas
de imaginarte
para poder empezar
a verte
como eres.

Pero
esta noche
me dedicaría
casi
exclusivamente
a lamerte las heridas.

Ya sé que no vas a salvarme.
Precisamente por eso.

Te he visto
jugar
a pisar sólo las líneas blancas
del paso de peatones.
Y créeme
que hay cosas
difíciles de olvidar.

Porque te he visto.
Y te vi.
Y tenías miedo a la lluvia
y yo sólo quería mojarme.
Qué desastre.
Y qué bonito.

Que la risa
hace perder el miedo
y tú a mi las bragas
y acabo de deudas
hasta el ombligo.

Ya sé
que tú nunca
has sido
de estar
pero si quieres que vaya
deja la ventana abierta.
Te invito a un paseo en autobús.

Voy a colarme
en tus precipicios
para que tengas que luchar
por no caerte
o tirarte
sin abrir los ojos.


Pero sé
que sabes
hacerlo mejor
y aún estoy esperando a que saltes,
valiente.

Siempre puedes
romper
al invierno.
O a mi.
Que viene a ser lo mismo.
Y ya
me has salvado
la vida
en más de una ocasión.

Digamos
que me debes
más noches
de las que puedo soportar.
Y que esta certeza
por eso de que tus ojos,
me asusta
más o menos
para siempre.