domingo, noviembre 10

Aún a riesgo de enfriarme yo.

Como cuando hacemos de los días Odiseas pudiendo hacer Maravillas. O como cuando me dices que podrías comerte las estrellas y yo te creo.
La putada es que fuimos una sucesión de casualidades, y podría haber pasado cualquier cosa, pero no, pasaste tú. Tuviste que pasar tú como pasa la lluvia en un día soleado. Porque supongo que la lluvia también lo notará, y que para ella no será lo mismo caer sobre un paraguas que caer sobre tu pelo. Y por eso viene sin avisar, porque le gusta que se te olvide coger el paraguas, (lo que la lluvia no sabe es que a ti siempre se te olvida cogerlo).
Que sé que a veces tienes frío y yo te ofrezco mi espalda aún a riesgo de enfriarme yo. Y que estrellarnos y que duela nunca fue tan fácil, ni tan frágil, y nunca pensé que la tragedia fuera a parecerse a esto. Pero aquí estamos, tú y yo. Como siempre. Como nunca.

martes, octubre 8

Un poco más de nadie.

Que tú no lo sabes, pero te he escrito versos que se han perdido entre las cuatro paredes de mi boca, y hablé de tus manos con la farola de enfrente de mi ventana, y me dijo que sí, que ella también te las mira de reojo, y que por esas comisuras es normal volverse loca. Y que no te lo contara, que quererte en silencio siempre fue mucho más fácil y se siente más, y las palabras son muy putas y pueden echarte de aquí. Que soy de las que se sientan siempre en el mismo sitio del autobús por tener alguna que otra costumbre, y por no perder la costumbre de pensarte mirando al vacío. Y hoy te vi y no ibas de su mano y a mi me pareció verte un poco más feliz, un poco más libre, un poco de todo el mundo, un poco más de nadie.

domingo, septiembre 15

Pisándome los talones.

"Yo también quiero enamorarme, pero realmente todavía no sé cómo. Una vez, no hace mucho, estuve a puntito, a puntito de conseguirlo, pero, al parecer fue tan sólo un espejismo. Otra vez, también creí estar enamorado, pero mi amor estaba tan lejos que los besos llegaban desnudos y las caricias se tornaban arañazos. Y yo me pregunto: "¿Tan difícil es esto de enamorarse?". Algún día, al borde de la desesperación, saldré a la calle, y a la primera linda "mullalla" que me encuentre le diré: "Che, ¿me puedo enamorar de vos?". Pero seguramente saldrá corriendo con la pregunta pisándole los talones.
Así, enamorarse debe ser, por ejemplo, risa con eco, debe ser descubrir dos manos más en el espejo, debe ser llanto con cuatro mejillas o descubrir otra vecina orilla allá, no más lejos del hombro; debe ser luchar por un segundo más de placer y, después, luchar por un centímetro más de colchón.
Sin embargo, para enamorarse, hace falta mucho valor. Valor para asumir la responsabilidad del desengaño, de la rutina, del silencio, del mirar y no ver nada. Y esto lo sé porque hace un momento, caminando por la calle, una linda "mullalla" se me ha acercado y me ha preguntado: "Che, ¿me puedo enamorar de vos?" y yo, muerto de miedo, he echado a correr con la pregunta pisándome los talones."

martes, julio 9

Verás, es que yo sólo quiero volar, sólo eso.

Vuelves cuando los autobuses están de retirada y los taxis ya cobran tarifa dos. Vuelves cuando los pies ya simplemente sólo saben pesar demasiado. Vuelves, vuelves y no sabes adónde, porque no es a casa, porque eso no se parece a tu concepto de casa, y mucho menos a tu concepto de hogar.

Cruzas el umbral y te saludan unos cuadros que no habías visto en tu vida, y te sientes estúpida al asombrarte del frío que hace, como si ese lugar alguna vez hubiera sido cálido, como si los momentos cálidos no hubieran sido lo suficientemente efímeros como para no dejar huella.

Vuelves con las sonrisas vacías y las caricias olvidadas, y parece que no hay más remedio que levantar la cabeza y seguir dando lo que esperan de ti, lo que exigen de ti.

Y es que quizá nunca te habías sentido tan vacía.

Verás, es que yo sólo quiero volar, sólo eso.