Que todo esto es como cuando me juré no volver a perder el equilibrio y viniste tú a cogerme por la cintura.
lunes, enero 13
Como cuando pierdo el equilibrio.
Todo esto es como el día ese en el que fuimos a ese parque y tu sonreías pero no me mirabas. Es como cuando te rozo las manos y te muerdes las ganas. Supongo que lo que quiero decirte es que rompes el suelo que pisas cuando caminas lento, y que en tu nuca sólo hay soledad. Y entonces me siento sola estando contigo y creo que es lo más bonito que puedo esperar de alguien.
Es sencillo.
Es sencillo. Es tan sencillo como que entiendas que lo que yo quería era follarte en cada una de las esquinas de esa ciudad. Que comprendas que aún tengo clavada tu cintura y tus embestidas, y tus dientes. Cómo no. Y tu estúpida manera de hacerme reír. Y es que aunque tú no lo sepas, y yo no te lo haya dicho, tienes siete maneras de mirarme y cinco de sonreírme. Y sólo una de desplomar todos mis "yo qué va". Y esa forma tan tuya de que todo importe demasiado poco.
Que sí. Que aún recuerdo el temblor y tu mano en mis costillas. Y verte caminar. Y tu culo, por supuesto.
Es sencillo, si. Es tan sencillo como que a medias todo sabe mejor, y a ligas ya ni te cuento.
Que sí. Que aún recuerdo el temblor y tu mano en mis costillas. Y verte caminar. Y tu culo, por supuesto.
Es sencillo, si. Es tan sencillo como que a medias todo sabe mejor, y a ligas ya ni te cuento.
jueves, diciembre 26
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Voy a preguntarle a la almohada el por qué de que tu sonrisa se rompa en mil pedazos y a mi solo me dejes cuidar de uno de ellos. Y es que aunque sé que aún me suspiras se se me hacen las noches más largas, y sigo con la puta manía de imaginar que aquí, además de ti, no ha pasado nada.
Que quiero que vengas y les grites que a ti te escribí el primer día que te miré, y que qué coño sabrán ellos de musas si no hablan de ti al despertar en ninguno de sus versos.
Aún tienes aquí el hueco donde apoyabas la cabeza al dormir, y está tan frío que ya me estoy acostumbrando a eso del invierno y no quiero vivir en ninguna otra parte.
Y es que me he cansado tanto de perderme que ahora sólo pienso en volver a encontrarte.
Que quiero que vengas y les grites que a ti te escribí el primer día que te miré, y que qué coño sabrán ellos de musas si no hablan de ti al despertar en ninguno de sus versos.
Aún tienes aquí el hueco donde apoyabas la cabeza al dormir, y está tan frío que ya me estoy acostumbrando a eso del invierno y no quiero vivir en ninguna otra parte.
Y es que me he cansado tanto de perderme que ahora sólo pienso en volver a encontrarte.
Verás, es que me da igual si vienes o te vas, porque ya has estado.
martes, diciembre 3
El calor pudre, el frío conserva.
Estaba pensando en escribirte un verso en el espejo que dejas empañado al salir de la ducha. En mirarte por detrás y pensar cómo será acariciar ese lunar que imagino que tienes desde el primer día que te miré. Y es que no sé en qué momento, pero me has clavado tu boca justo aquí, en la clavícula, y ahora cada vez que me muerdo la boca pienso en ti. Que yo ya sé todo eso de mirarte cuando no me ves, y que sé que tú también lo haces y por eso sonrío a oscuras, y entonces tengo esas imágenes que sólo he visto yo, y por eso me asustan, porque son mías. Que quizá nos congelemos, pero es que alguien me dijo una vez que el calor pudre, y que el frío conserva, y desde entonces yo siempre he querido vivir congelada. Y entonces apareces tú con las manos tan heladas que dan miedo, pero yo sonrío como quien prueba el sexo por primera vez y entonces ya no quiere dejar de probarlo.
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